Yecelis Durán
Bolívar también sufre el día a día
Se anuncia en los medios oficiales, con bombos y platillos, la recuperación de la casa que vio nacer al Padre de la Patria, Simón Bolívar. Las obras son parte del trabajo de remodelación con motivo del Bicentenario de Venezuela al centro de Caracas. Me pregunto si vale la pena visitar esa sede de la historia citadina de la que sólo se mencionan peyorativos.
Unas sonrientes chicas vestidas de rojo y con la insignia de Venetur me reciben en el zaguán para luego dejarme sola realizando el recorrido. No hay suficientes guías para el interminable flujo de gente. Recuerdo mi segunda visita a Caracas que incluía la casa de la esquina de San Jacinto en el itinerario, la memoria es un poco más imponente.
Ahora, los pisos abombados por la humedad cuentan el peso de la historia que pasó por ellos. La fuente interminable de agua que sale de las canaletas en el techo ha dejado un hueco entre las baldosas del patio. Me indican las remodelaciones hechas, ahí se ve la marca de la pintura, más allá las luces nuevas que engalanan los techos. Tuvieron que añadir químicos para contener la humedad. Esperan realizar más.
Un hombre golpea la puerta de uno de los cuartos al pasar, sin mirar atrás. Una señora con la necesidad de observar Mi delirio en el Chimborazo tan apremiante que irrumpe en una de las salas cerradas para el público. Una tirita resalta en el piso de lo que antiguamente fue la caballeriza, acompañada de niños que saltan entre los muros: ¿entenderán los visitantes?
Las luces nuevas pelean por no relucir entre los candelabros. El extintor de humo, en una esquina, trata de esconderse entre los muebles de caoba. La casa es otra cosa que lucha por terminar el día en la ciudad sin tantas lesiones. Esperando por ese más y contentándose con el ahora.
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