Crónica por Jatnna Farías
El Llanito sangra de noche
El Hospital Domingo Luciani se ve invadido por hombres y mujeres que, desamparados, vienen a pasar la noche, buscando un lugar más seguro que las calles. Aquí hay cartones que usan de colchón y periódicos con los que vestirá su “cama”. Los asientos, en los que se supone que familiares y amigos deben esperar noticias de los suyos, son usados por ellos como regular aposento nocturno.
En la sala de espera de la emergencia infantil solo hay unas cuantas madres con sus niños en brazos. Se quejan de tener hasta seis horas esperando para ser atendidos algunos de los niños hasta están jugando. Adentro, médicos y enfermeras se quejan porque la emergencia se congestiona por “fiebres y mocos” que deberían ser fácilmente solucionadas en casa.
«¿Qué tiene el niño?», pregunta una enfermera. Quiere dar prioridad a los que de verdad necesitan ayuda inmediata.
Apenas saliendo de la emergencia infantil, se encuentran charcos de sangre, se escuchan gritos y huele muy mal, es la emergencia de adultos. Llega un tirotiao, un taxista que se resistió a un atraco, le dieron dos tiros. Ya lo rechazaron en el Hospital Pérez de León y espera que aquí sí lo atiendan.
En los pisos superiores ya todo es más tranquilo. La mayoría de los pacientes se encuentran ya en su cama. Solo se ven enfermeras que entran y salen de las habitaciones. Las mismas con baños sin agua y donde algunas camas no tienen sábanas. «A mí me ha tocado dormir en este colchón pelao», se queja un paciente.
Amanece. La gente sin hogar que pasó la noche aquí, ya se ha ido. Ahora hay personas vendiendo periódicos y café. El taxista de anoche murió, ya había perdido mucha sangre cuando llegó. La emergencia infantil está abarrotada de niños jugando, de nuevo.
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